Esta
semana he finalizado la lectura de uno de los best-seller más sonados
de las últimas décadas: Inteligencia Emocional de Daniel Goleman. No voy
a ocultar que en ello ha influido bastante esta nueva oleada de
artículos, libros, cursos, profesiones y demás invenciones recientes muy
directamente relacionadas con este nuevo concepto de inteligencia.
No voy a negar tampoco que me he sentido tentado de seguir una de las líneas principales de la cultura actual
y leer el último libro sobre el tema, en lugar de uno de los
embrionarios del mismo. Pero en este caso me parecía más interesante
conocer cuál es el origen de esta moda (o no) que vivimos ahora mismo.
No me cabe duda de que términos como "búsqueda de la felicidad",
"gestión del estrés", "coaching", "mindfulness" y otros similares están
experimentando una gran escalada de interés en los últimos años. Como dice Patricia Peyró,
"Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver
con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna
juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar
felicidad". Y lo vemos cada día en las redes sociales, con multitud de
usuarios compartiendo imágenes, comentarios y artículos al respecto.
Parece una actitud muy ligada a los ahora llamados millennians
o generación Y, aunque no exclusivo de éstos. Es como si esta reciente
restricción que hemos sufrido con respecto al acceso a ciertos recursos
físicos y económicos nos hubiera llevado a la búsqueda de un nuevo Santo Grial, diferente a la ahora aparentemente más complicada acumulación
ilimitada de riqueza y poder.
Pero
volvamos al libro. Son muchas las reflexiones que me ha provocado el
mismo pero hay un dato que me llama especialmente la atención. Este
libro fue publicado... ¡hace 20 años! Hace 20 años Daniel hizo una
recopilación muy meritoria de una gran cantidad de estudios y programas
científicos y psicológicos para (sobre todo, aunque no exclusivamente)
demostrar que estábamos bastante equivocados en nuestra concepción de lo
que era ser inteligente. Más que equivocados, lo que estábamos era
"tuertos": habíamos dejado totalmente de lado una parte indispensable de
la inteligencia. Creíamos que lo único importante era enseñar a
nuestros futuros ciudadanos adultos lógica y expresión verbal y resulta
que ahora la ciencia empezaba a demostrar que las habilidades
emocionales y sociales jugaban un papel igual o más importante en el
éxito individual y colectivo de cualquier comunidad. 20 años después la
enseñanza de estas competencias defendidas por Daniel y otros muchos
expertos (cada vez más y de más renombre) sigue estando presente
únicamente en colegios elitistas o centros de educación que son
considerados en su mayoría llevados por y para gente rara. Salvando
honrosas excepciones, por supuesto.
20 años después aparece (y probablemente pronto desaparece) la nueva ley de educación del exministro José Ignacio Wert,
que ningunea de forma muy preocupante esta nueva corriente de
pensamiento en el mundo de la educación defendida por psicólogos,
profesores, universidades y centros de investigación tan diversos como
prestigiosos y poco sospechosos de ser antisistema. Prácticamente desde
entonces casi todo ha sido remar a favor para esta nueva teoría y tras
todo este tiempo la situación del sistema educativo es prácticamente la
misma que la de hace 20 años. Salvo honrosas excepciones de algunos
países y regiones, nuevamente. Por si fuera poco los antiguos alumnos de
la LOGSE ahora nos apresuramos a intentar ganar las habilidades y
competencias que no pudimos desarrollar en su momento.
En
este nuevo mundo tan inmediato, tan rápidamente cambiante, no hay lugar
para administraciones públicas jurásicas ancladas en el pasado. No
quiero echarle toda la responsabilidad al señor Wert. A mí juicio se
trata de la forma de funcionar de las administraciones públicas y las
actuales estructuras de gobierno las que impiden en gran medida una
legislación y una aplicación de aquellos nuevos conocimientos de la
forma más rápida y eficiente posible. Es urgente comenzar a crear una
nueva generación de ciudadanas y ciudadanos felices, responsables,
resilientes y empáticos. Las nuevas generaciones lo necesitarán más que
nunca.
Os dejo un excelente documental para la reflexión que a mí al menos me encantó cuando lo vi:
Foto libro Emotional Intelligence: Brett Snodgrass
Foto Jurassic World: Mark MathosianDocumental "Entre maestros"


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