Estas
semanas se está hablando mucho de confluencia, sobre todo ligada al
ámbito político. Confluencia de independentistas para ganar las
elecciones catalanas, confluencia de partidos de izquierdas para
arrebatar el poder al bipartidismo... E incluso se utiliza a nivel
europeo para intentar solucionar problemas como la inmigración masiva o
el terrorismo islámico.
A
nivel internacional, y de una manera mucho más lenta y sutil, gracias a
la globalización, está surgiendo otro tipo de confluencia. Una
confluencia mucho más profunda y que podría transformar nuestro estilo
de vida en el próximo milenio. Hablo de probablemente la más importante
colaboración sincera entre dos grandes civilizaciones milenarias para
desarrollarse juntas aprovechando la sabiduría adquirida (casi) por
separado durante siglos. Estamos asistiendo, de forma silenciosa pero
inexorable, a la primera gran confluencia de culturas: la cultura
occidental y la cultura oriental. Y me atrevería a decir que no lo
estamos haciendo nada mal.
Parece
que poco a poco vamos dejando de lado ese orgullo patriótico rancio que
nos lleva a infravalorar otras culturas y formas de conocimiento. Las
más importantes universidades y "think tanks" parecen cada vez más
permeables a aceptar que la sabiduría recogida por sus antepasados
humanistas y científicos no es ni mejor ni peor que la del vecino.
Simplemente es diferente.
Los
occidentales hemos desarrollado, sobre todo en los últimos siglos, una
sabiduría eminentemente técnica, fruto de la contemplación, comprensión y
estudio de los procesos naturales de nuestro entorno. La cultura
oriental, sin embargo, sigue una línea mucho más enfocada a la
contemplación de los procesos internos del ser humano, y más
concretamente de la mente de éste. Así nos encontramos con que en
occidente hemos creado multitud de estrategias, técnicas y dispositivos
(a menudo mejorados por los orientales) para facilitarnos la vida y
poder llevar una vida más feliz. En oriente, en cambio, han conseguido
avanzar en ese camino hacia la felicidad sin la necesidad de tanto
desarrollo tecnológico.
Y
de pronto llega la globalización y nos enseña nuestras vergüenzas,
nuestras debilidades. Y al principio, como suele ser común, nos negamos a
admitir que otros estén haciendo algo mejor que nosotros. Desde nuestra
óptica, nuestro modelo de desarrollo es el óptimo. Consideramos que los
otros están más retrasados a nivel de tecnología o desarrollo económico
y democrático y que eso es lo más importante. O consideramos que los
otros son consumistas debido a su infelicidad y que están destruyendo el
planeta y por tanto su camino es erróneo mientras el nuestro es el
verdadero.
Pero
lo cierto es que tenemos la oportunidad de cambiar, y aquellos que en
su día nos trajeron los mayores avances para nuestras civilizaciones lo
están comprendiendo. Tenemos ante nosotros una ocasión única: podemos
aprovechar y adaptar aquellos saberes que hasta ahora considerábamos
ajenos para acercarnos al objetivo de alcanzar el bienestar emocional,
social, medioambiental y económico que todos y todas anhelamos. De dar
un paso de gigante en esa dirección. Nunca alcanzaremos la perfección,
ni la necesitamos, pero sería de necios desaprovechar esta oportunidad
de crecer juntos gracias a la aportación de ambos y avanzar en la
armonización de las relaciones entre diferentes culturas. Evidentemente,
esto no puede quedar sólo entre Norteamérica, Europa y Asia. Este
hermanamiento y desarrollo mutuo debe incluir en el futuro a todas las
civilizaciones y culturas existentes, para que cada una, sin renunciar a
sus peculiaridades, pueda ampliar miras y desarrollarse gracias a los
demás.
Resulta
estimulante el creciente interés que los occidentales hemos
desarrollado por aspectos como la inteligencia emocional y social, la
meditación, la conciencia plena o la armonía con la naturaleza así como
indudable resulta la creciente absorción por parte de los orientales de
los procesos democráticos, la industria o la medicina occidental. El
camino ya se ha emprendido y las oportunidades son prácticamente
infinitas.
Foto meditación: Balint Földesi


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