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| Fotografía: CSIC/ Fabien Knoll y WitmerLab |
“El fósil que hemos
analizado tiene especial relevancia dado su excepcional estado de conservación.
En los dinosaurios no suelen encontrarse neurocráneos y cuando se encuentran
suelen estar incompletos. De hecho, hay partes que en este caso sí se han conservado,
pero que normalmente no fosilizan, como la carena ventral anterior. El hecho de
que este nuevo espécimen esté completo nos ha permitido reconstruir la
morfología del cerebro en su totalidad. Su longitud era de 6,3 centímetros,
aunque el animal medía unos 14 metros de largo y casi 3 metros de altura a la
cruz”, explica Fabien Knoll, investigador asociado al Museo Nacional de
Ciencias Naturales del CSIC.
“La dificultad para
encontrar cráneos de saurópodos radica en que éste suele desprenderse y
perderse al desarticularse el esqueleto tras la muerte del animal”, explica el
investigador. Estos dinosaurios se distinguían por su gran tamaño, eran
hervívoros y poblaron el paneta entre el Triásico superior y el Cretácico
superior.
La reconstrucción del cerebro desvela caracteres que son
comunes a todos los saurópodos, como la presencia de una hipófisis
desproporcionalmente grande en un cerebro 30 veces menor que el del ser humano.
Además, muestra particularidades menos comunes como la trayectoria del sexto
nervio craneal que no atraviesa la fosa pituitaria. “Rara vez se ha podido
alcanzar este nivel de precisión en reconstrucciones de este tipo y nunca antes
se había hecho en un dinosaurio europeo”, comenta el investigador.
La información obtenida mediante el análisis del cráneo
parece indicar que pertenece a una nueva especie cuyos parientes más próximos
estarían en Argentina y la India. El estudio del esqueleto postcraneal de este
dinosaurio confirmará o refutará dicha hipótesis.
Fuente: CSIC

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