El ser humano conoce
la apicultura desde antes que la agricultura moderna, aunque se ignora cuándo
comenzó esta práctica. La abeja de la miel (Apis mellifera) elabora
varios productos, y uno de los principales es la cera, que tiene diversos usos
y es muy estable, lo que permite su conservación. Ahora un equipo de
investigadores ha demostrado que la cera de abeja fue elaborada y usada de
manera continuada, y probablemente de forma extensiva, en regiones de Anatolia,
Europa y norte de África desde hace 9.000 años (7.000 a.C.), según concluye un
estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC). El trabajo se publica en la revista Nature.
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| Panal. Fotografía: Pixbay. |
“Hasta ahora se había
estudiado profusamente la domesticación de cabras, cerdos, vacas y ovejas. Con
este estudio se abre la puerta al conocimiento sobre la domesticación de estos
insectos por parte de las primeras comunidades de agricultores y ganaderos”,
explica Juan José Ibáñez, investigador del CSIC en la Institución Milà i
Fontanals de Barcelona.
“La presencia de esta
cera implica, con toda probabilidad, la explotación de la miel. Los primeros
datos de presencia de cera aparecen en Anatolia, en el 7º milenio. Las
comunidades de agricultores y ganaderos que se expandieron hacia Europa en los
1.500 años siguientes continuaron explotando los productos de las abejas.” La
cera, además, habría desempeñado diversas funciones tecnológicas y culturales.
Los investigadores
concluyen en el estudio que la explotación de las abejas de la miel por parte
de las comunidades agrícolas del Neolítico se remonta a los inicios de la
agricultura y podría proporcionar pruebas de una temprana
pre-especialización de algunos agricultores en la recolección de productos
apícolas.
Los investigadores han
llevado a cabo análisis de química orgánica en diversos yacimientos neolíticos
de Anatolia, Europa y norte de África, donde se ha podido detectar la
presencia y el uso de cera de abejas. “La cera es un compuesto muy estable, lo
que ha permitido su conservación en los fragmentos de cerámica”, señala Ibáñez,
que ha aportado cerámicas para su análisis provenientes del yacimiento
neolítico de Kobaederra, situado en Oma, Vizcaya, fechado en el 5º milenio a.C.
Fuente: CSIC.

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