Resulta evolutivamente enigmático el por qué la monogamia
está socialmente impuesta. Un reciente
trabajo ha dado como resultado la conclusión de que las enfermedades de
transmisión sexual (ETS) tuvieron un papel importante en este hecho.
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| Fotografía: Pixbay. |
Con la extensión del uso de la agricultura los seres humanos
comenzaron a desarrollar normas sociales, pues se volvieron más sedentarios y
sus grupos se hicieron más numerosos. En las pequeñas sociedades nómadas
existía un máximo de 30 individuos sexualmente maduros y las ETS duraban poco
tiempo, pero en grupos más grandes, poligámicos y sedentarios se podían hacer
endémicas. Ese cambio debió suponer el fin de la poligamia pues también se
hacía más patente la presencia de infecciones de transmisión sexual.
“En las sociedades más pequeñas, las infecciones de
transmisión sexual no pueden persistir en el largo plazo, desaparecen debido a
sucesos aleatorios, que son también más comunes en grupos pequeños. Por lo
tanto, la poligamia no está en desventaja debido a que las infecciones no
persisten. En las poblaciones más
grandes, las infecciones son capaces de persistir, y esto es lo que hace que la
poliginia sea menos ventajosa que la monogamia, ya que el nivel promedio de
infección es mayor en los grupos poligínicos que en los grupos monógamas”,
explica Chris Bauch, científico de la Universidad de Waterloo (Canadá) que
lidera el trabajo.
Para simular esta teoría se utilizó un modelo basado en varios
agentes. En palabras de los investigadores “esto significa esencialmente que
simulamos una población real de cazadores-recolectores y agricultores que
actuaban de acuerdo a ciertas reglas, y vimos cómo se extendería una infección
entre los individuos de acuerdo a dichas reglas. Es un poco como un juego de
ordenador”.
El estudio ha sido publicado en la revista Nature Communications.

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