En nuestra adolescencia alcanzamos el mayor número de
neuronas en nuestro cerebro, la mayor cantidad que tendremos jamás. No
obstante, en nuestro cerebro se siguen creando nuevas neuronas. Muchas de las
células creadas mueren antes de completar su maduración y diferenciación. Es
por eso que en estas regiones necesitamos células inmunes especializadas.
Reciben el nombre de microglía y actúan como “centinelas” que son capaces de
eliminar nuestras células muertas para proteger nuestro cerebro.
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| Los puntos verdes son células muertas en una de las zonas de creación de neuronas (en azul) pertenecientes al cerebro de un ratón deficiente en Axl y Mer. Fotografía: CSIC. |
En un estudio internacional desarrollado por investigadores del
CSIC y del Salk Institute de EE.UU. se
han desvelado los mecanismos que utiliza la microglía en esa fase de
eliminación de células. En este proceso juegan un papel esencial los
receptores TAM que podrían constituir dianas terapéuticas para enfermedades
neurodegenerativas como el Parkinson.
Hace dos décadas, el laboratorio del doctor Greg Lemke en
The Salk Institute describió que las células inmunes muestran en su superficie
los receptores TAM. Dos de estos receptores, llamados Axl y Mer, están
presentes en células inmunes llamadas macrófagos y las ayudan a actuar como
“recolectores de basura”, identificando y eliminando más de 100 millones de
células que mueren en el cuerpo humano cada día.
Los investigadores se preguntaron si esto sucedía también en
el cerebro. Para averiguarlo eliminaron los dos receptores (Axl y Mer) de la
microglía de algunos ratones. Pronto
observaron que se producían acumulaciones de células muertas, principalmente
allí donde se deberían generar nuevas neuronas. Paqui González Través, del
Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols, explica que: “cuando
examinamos este proceso detenidamente y seguimos la maduración de la nuevas
neuronas, observamos que en los ratones en los que se eliminaron Axl y Mer de
la microglía, el número de nuevas neuronas que migraban y se integraban en el
bulbo olfatorio (donde se halla la función olfativa de los animales) aumentaba
enormemente en comparación con los animales de referencia […]Estos resultados
sugieren que Axl y Mer no sólo ayudan a la eliminación de células muertas sino
que también podrían ser capaces de identificar neuronas que aun estando vivas,
son defectuosas o disfuncionales”.
El estudio ha sido publicado en la revista Nature.

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