La cuenca mediterránea sufre constantes sequías que producen
consecuencias negativas para la sociedad, la economía y la naturaleza. Es
indudable el calentamiento global pero la percepción sobre los cambios en las
precipitaciones no parece tan evidente. Sobre este aspecto tan solo tenemos
datos desde el año 1950.
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| Análisis de los anillos de crecimiento de los árboles. Fotografía: UNIZAR. |
Un equipo del departamento de Geografía de la Universidad de
Zaragoza ha utilizado información indirecta (no solo de estaciones
meteorológicas) para reconstruir el clima de la cordillera ibérica desde 1964. Han
utilizado, por ejemplo, un estudio de los anillos de crecimiento de los árboles
(dendrocronología) o el Índice Estandarizado de Precipitación (SPI). Los
investigadores recogieron 336 muestras y 45.648 anillos de crecimiento de cinco
especies diferentes (P. sylvestris, P. uncinata, P. nigra y P.
halepensis) a partir de 21 localizaciones de la provincia de Teruel, a una
altitud media de 1.600 metros.
La reconstrucción de las sequías a partir de la
dendrocronología no permite hacer predicciones de manera directa de eventos
extremos futuros, aunque estas reconstrucciones sí se utilizan para validar los
modelos de cambio climático futuro. “Lo que se está viendo durante el siglo XX
y lo que llevamos del XXI es un aumento en la recurrencia de los fenómenos
extremos, tanto de años secos como de años húmedos”, recalca Ernesto Tejedor,
autor principal del estudio.
Las conclusiones
obtenidas han permitido evaluar sequías de los tres últimos siglos y revelan que
los meses más secos de todo ese tiempo fueron los doce meses previos a julio de
2012.
“Hemos logrado identificar siete momentos especialmente
secos y cinco húmedos desde finales siglo XVII”, declara Tejedor. El
equipo investigador afirma que hubo 26 años extremadamente secos y 28 muy
húmedos desde finales de ese siglo. “Algunos de estos años secos, como 1725,
1741, 1803 o 1879, se identifican también en otras reconstrucciones de sequías
en Rumania y Turquía, lo que demuestra la coherencia a mayor escala de las
desviaciones extremas y su relación con procesos atmosféricos más globales”,
añade el autor.
Para Tejedor aún no tenemos predicciones para las
precipitaciones tan fiables como las de la temperatura, al menos en cuanto a
variabilidad y tendencia. Influyen otros factores que aún se están estudiando.
Los resultados han sido publicados en International Journal of Biometeorology.
Fuente: Agencia
SINC.

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